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Hacia el hombre “químico” y la "Matrix progre"

"la mirada del hombre no resiste la pura luz; debe conformarse con un claro oscuro cambiante pero el claro oscuro nos sirve para ver, aunque por momentos primen las tinieblas sobre la luz" - (P. Laín Entralgo-maestro en medicina español)


Tratemos de ver en este claro-oscuro que nos propone el maestro Pedro Laín-Entralgo desde la medicina humanista española. Son tiempos de química. Todo se soluciona con la química. Parece ser “el vacío” el nombre el tiempo de Hoy, al lado de ello un vivir tecnológico en una civilización mediática y del espectáculo herida de muerte por epidemias con enfermedades desconocidas que dejan sin respuestas -más que solo la búsqueda de químicos- a este sujeto lleno de “agujeros” y desvinculado en una sociedad en vías de des-familiarizaciòn.


La palabra, el diálogo, llorar sufrimientos para "digerirlos" humanamente no está de moda. En la sociedad del espectáculo, la imagen y la tecnología, la química parece mandar. Reina el desamor. La palabra está devaluada.


La sensación de vacío-clave de entender hoy- es un síntoma fundamental de la depresión que nos inunda y de los trastornos limite (forma de mentar la inestabilidad básica del ser humano en su fragilidad postmoderna). El paciente limite que somos no está en condiciones de sentirse a sí mismo salvo cuando se autolesionan; ahí se viven y luego se anestesian con drogas que es la pócima deseada y buscada con fervor (Byung-Chul Han).  Además, a quien contarle algo; el mismo filosofo surcoreano residente en Alemania dice que “vamos a pagar -ya sucede-para que alguien nos escuche”. Y nos sigue diciendo “hoy no hay lenguaje, solo mudez y desamparo, el lenguaje está siendo silenciado” No parece haber nadie. Somos "nadies" entre "nadies" y en la "nada", precisamente, nada puede germinar. Pero hay “Patrones” de la química; son los que mandan y generan renta con los vaciados por el desamor y la falta de palabras.


EL HOMBRE QUIMICO “Caricatura de hoy”


Los trastornos mentales y adictivos crecen en una época. Pueden ser incluso la "caricatura" de este tiempo que nos toca vivir. Hoy las drogas ocupan un lugar central en lo sanitario y son una fuente de plusvalía muy importante tanto para sectores delictivos como para sectores poderosos y de la economía formal.


En esta economía de la producción de enfermos cambia incluso el rostro de quienes sostienen los "males" sociales. No existen más los "Pablo Escobar" o forman parte de los “arrabales” indeseados para caer como “moscas” en arrebatos paranoicos con balas en luchas por territorios.


Valga la apreciación de los estudiosos colombianos "Notimérica" mencionado por el Plan de Drogas de España (julio-19), donde claramente hay una estrategia diferente en la penetración en las sociedades. La máxima de Pablo Escobar ("Capo" de los "70-"80 y parte de los "90), "plata o plomo", varió hacia plata. Más plata, más plata, que, junto con Poder con mayúsculas y un marketing y una reingeniería social de los usos y costumbres transformando la salud en una receta antigua y todo esto basado en el respeto a los derechos a consumir, logran objetivos impensados.


Se pasó de la etapa de las personalidades violentas y orgullosas de sus armas a trabajar de forma silenciosa e "invisible". Pasar desapercibidos y manejar los negocios financieros es una de las claves. Los acuerdos de paz de Colombia permitieron "lavar" grandes fortunas, proteger políticamente incluso con cargos de inmunidad parlamentaria a varios y, al mismo tiempo, nunca como hoy el país sudamericano produce tanta cocaína y marihuana y también opioides.


 Estos acuerdos fueron "bendecidos" desde muchos lugares, salvo desde las urnas ya que el pueblo pareció ver la trampa; pero lo "invisible" en su meta de dominio delictivo de las sociedades triunfó. Y además dominan provincias de países vecinos.


La meta de no visibilizar el dominio se ve en el negocio de la marihuana. En Wall Street debutan empresas de marihuana medicinal con “pingues” ganancias. La venta bajo receta médica para paliar ciertas enfermedades (quimioterapia, epilepsias refractarias, etcétera) es también una forma de "esconder" la venta en tiendas de marihuana o en farmacias para todo público como se hace en los EE. UU., Canadá y en algunas farmacias de Uruguay. En los EE. UU. el auditor general de Pensilvania se queja porque de no legalizarse la venta de marihuana el Estado pierde 600 millones de dólares al año. No importan referencias sanitarias.


La marihuana medicinal es un verdadero "Caballo de Troya" (forma de enmascarar otro fin) de la venta en tiendas, dietéticas, farmacias y esto es a su vez una forma de implantar de a poco la venta libre de drogas.


En todo esto es fundamental trabajar sobre la opinión pública, ocultando los daños y mostrando los "beneficios" del consumo controlado. Los estudios sociales de las poblaciones de riesgo, las edades de máxima vulnerabilidad de tipo biológico-cerebral o del desarrollo no son tenidas en cuenta, así como todos los aspectos de salud pública como costos, daños y enfermedades asociadas y discapacidades, minusvalías, etcétera.


 Las evidencias científicas del daño de las drogas quedan a un lado. En todas las áreas de la Medicina las evidencias científicas están en un “altar”; en el tema de drogas quedan a un lado a pesar de la mutilación creciente de miles de seres humanos. Además, es la única área de los problemas médicos en donde las enfermedades adictivas no deben ser prevenidas porque desafían el “pensamiento políticamente correcto”.


La legalización de ciertas sustancias, contrariando datos de salud pública no es contradictorio con el aumento del poder ilegal, sino que al contrario se complementan. En Uruguay, como ejemplo, la venta en farmacias implicó el aumento de venta del mercado narco. Hay un aumento global del número de consumidores. A su vez aumentó el consumo de cocaína siendo el segundo país consumidor junto a Argentina siendo superado solo en el continente por Estados Unidos. En Holanda se cierran progresivamente los Coffe-shops de venta de marihuana por los daños crecientes de esta situación en los consumidores y en el vecindario (esto se desoye masivamente en el resto del mundo).


Hoy en los EE. UU. ante la epidemia de consumo de opiáceos una cadena internacional de noticias propone a través de un sistema de información el reemplazo de éstos por la marihuana. Aquí podemos recordar al Dante de la "Divina Comedia": "la confusión es el principio del mal de las ciudades".


Nadie parece hablar de lo que le pasa a la gente, sus dolores. La herramienta del lenguaje como medio de resolución de los conflictos se abandona. La química parece ser la solución y sobre esta química se estructuran poderes económicos muy fuertes y controles sociales.


MALES DE EPOCA
Hoy es la postmodernidad tecnológica la que nos demanda e insta con sus síntomas. También llora la sociedad por los patrones que se han impuesto. Por doquier manifestaciones del desamor y el abandono. época de soledades anestesiadas. Con psicofármacos tomados sin consulta médica, drogas, alcohol y juego a lo cual se agrega ahora el “combo” con mujeres violentadas en la mercancía de la venta de sustancias que parecen encubrir el vacío y de desamor.


 Vemos adolescentes que buscan padres en su desesperada necesidad de identidad. A veces el Padre también usa drogas. En otras oportunidades el hijo llama al Padre desde el consumo o solo tiene de él un celular que a veces funciona y otras no. Familias enteras con hijos consumidores se están internando.


Todos necesitamos encontrar la senda perdida de la palabra que es el límite al exceso restaurando un continente normativo perdido y un afecto para culminar en los síntomas autodestructivos. La función, hoy, desde mi punto de vista de los terapeutas es altamente ética ya que apunta a rescatar los valores de la vida y de la ternura ante los imperativos de la violencia con el rostro de la química valorada.


Desde que nacemos, a diferencia de los animales, somos incompletos. Necesitamos de los afectos, el amor, las normas, los límites y la tutela de otros que nos ayuden a ser. Los animales no acariciados en los primeros momentos de la vida tienen menor resistencia a los virus y bacterias, aparecen enfermedades del sistema defensivo inmunológico. Nosotros desarrollamos también crisis y llamados al otro y a los otros por la ausencia de ternura aún desde los desafíos más omnipotentes y violentos.


La barbarie ha llegado a las relaciones humanas; es la barbarie de la "errancia" de los amores, la fragilidad de los vínculos, el abandono de niños y viejos. Dominamos el átomo, el misil, los espacios, los genes. Somos casi dioses. Pero funcionamos, algunos, como primates capaces de lo peor.


 El suicidio, una sobredosis, una enfermedad de transmisión sexual son, quizás, formas de hablar para que alguien intervenga. Todo síntoma es un mensaje. Pero vemos que en muchos casos nos quedamos sin interlocutores. Familias, en muchos casos, dislocadas hacen que alguien no tenga con quien hablar. La caída del lenguaje, de la interlocución, del reconocimiento que se logra cuando alguien nos escucha está hoy muy vigente.


La caída del otro y de los otros significativos en la vida de los sufrientes es el peor de los "testigos mudos" de la postmodernidad actual. Sin "testigos nos evaporamos", decía, magistralmente, Sartre. En esta sociedad parecería que sólo se consiguen "cómplices" pero no testigos. El cómplice sólo está para "la trampa". El testigo nos "banca" en el sufrimiento y, al sostenernos en la escucha, nos brinda con-suelo (esto nos da suelo, o sea, nos contiene) pero, al mismo tiempo, permite que nos repongamos haciendo que surja lo mejor de nuestros recursos y venzamos la desesperanza fruto, en última instancia, de la desesperación y la soledad.


Sólo la esperanza aparece cuando tenemos interlocutores significativos. Pero la química es lo que parece imponerse con su poder económico.

Dr. Juan Alberto Yaría - Especialista en Drogadependencia

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